Páginas en blanco 3 (2010)
Mar, 09/02/2010 - 16:58 in

Cuando comencé esta campaña en enero, mi intención era la de mantener una crónica más constante y escribir cada pocos días los acontecimiento que fuesen pasando. Como suele ocurrir con estas cosas, he hecho absolutamente lo contrario. Algunas veces porque no podía y otras porque no quería, apenas he podido hacer de cronista en lo que llevo de viaje por la Antártida, y no ha sido porque no hayan pasado cosas.
A las dos semanas de estar en la base me embarqué para pisar de nuevo la Península Byers y levantar, un año más, su campamento. En la Base Juan Carlos I la actividad científica está prácticamente parada. Con motivo de las obras, ningún científico permanece habitando en ella. Los que trabajan en las inmediaciones se alojan con los vecinos búlgaros (ver páginas en blanco 2008/2009) y acuden a la Bae a trabajar los días que la meteo lo permite. Byers, en cambio, tiene actividad desde el día 20 de Enero, fecha en la que cuatro técnicos de la Utm y tres científicos desembarcamos para montar el campamento. Con la primera marea descendimos de las zodiacs y recorrimos los cientos de metros que separan la playa del lugar donde se levantan los iglús de fibra. Un año antes salíamos de este mismo lugar intentando que la marea permitiese hacer la última carga de material. Después de más de dos meses en el campamento me parecía raro alejarme de estas playas llenas de elefantes marinos, petreles y viento a partes iguales.
Ahora volvemos a levantar el mástil de las comunicaciones y a escuchar la metálica cantinela: Campamento Byers, campamento Byers, campamento Byers de buque Las Palmas, Las Palmas. Palabras que tantas veces escuché durante tantos días y noches de la campaña pasada y que de inmediato me han trasladado en el tiempo al año pasado. Con su soledad, sus esperas y la compañía siempre fiel de la radio encendida. Pero este año no serán dos meses en el campamento sino, de momento, apenas doce horas. Doce horas. Lo que tarda la pleamar en desaparecer y volver a hacer su aparición permitiendo las condiciones adecuadas para que una zodiac atraviese el arrecife y logre llegar a tierra. Tras esas doce horas nos embarcamos de nuevo y regresamos al buque Las Palmas. El campamento, recién montado, albergará durante tres semanas la labor científica de tres investigadores y un técnico de montaña de la base Juan Carlos.
Yo continúo viaje en el buque. Ahora ponemos proa al sur, en dirección al Círculo Polar Antártico previo paso por una serie de puntos en los que debo acompañar a un grupo de científicos en sus investigaciones.



