2. Spitsbergen: El Reino del Oso Blanco

Spitsbergen, la isla más grande del archipiélago de Svalbard, es excepcional por muchas razones, pero tal vez la más curiosa sea que allí, para variar, una especie en peligro de extinción como es el oso polar, supera en número a su mayor amenaza – los seres humanos.
Las Svalbard se encuentran en el Océano Glacial Ártico, entre los 74º y los 81º de latitud Norte – a unos 1.000 km del Polo Norte Geográfico. Tal ubicación, dentro del Círculo Polar Ártico, sume a las islas en una noche perpetua desde el 26 de octubre hasta el 15 de febrero, mientras que el sol de medianoche luce sobre sus costas desde el 20 de abril hasta el 23 de agosto.
El 60 por ciento de los 60 000km² de Svalbard está cubierto de hielo, aunque la corriente del Atlántico Norte atempera el clima y mantiene sus costas navegables la mayor parte del año. En cuanto a Spitsbergen, haciendo honor a su nombre (significa “picos dentados”), la isla presenta un relieve montañoso.
Sólo hay dos núcleos habitados permanentemente en Spitsbergen: Longyearbyen, bajo jurisdicción Noruega, y Barentsburg, una explotación minera administrada por Rusia. En el interior, la única presencia humana permanente se limita a una base científica polaca en Hornsundet.

Territorio de caza

Los primeros en pisar las costas de Svalbard fueron probablemente Vikingos o cazadores rusos. Sin embargo, el descubridor oficial el holandés Willem Barents, en 1596, que exploró la costa cuando buscaba el Paso del Noroeste (entre el norte de Europa y el continente americano).

Las islas funcionaron como base ballenera internacional durante los siglos XVII y XVIII y también sirvieron como punto de partida de muchas expediciones árticas. En 1929 se firmó el tratado de Svalbard, que concedía la soberanía de las islas a la corona noruega, aunque permitía que los demás países firmantes explotasen las riquezas mineras y pesqueras de la zona.
Actualmente, solo Rusia continúa haciendo uso de tal privilegio.

Con mil ojos en la niebla

Las mayores dificultades a la hora de cruzar Spitsbergen se encuentran en las zonas de fiordos, donde los expedicionarios progresarán sobre banquisa: una capa de hielo sólido sobre las aguas marinas, que a menudo puede ser muy frágil, y que se mueve y rompe continuamente por efecto de las corrientes. También atravesarán glaciares agrietados.
La navegación puede ser dificultosa en condiciones de niebla o ventisca. Pero sobre todo deberán prestar atención a la presencia de osos polares. Estos animales, que pueden llegar a medir casi tres metros de largo y superar los 500 kilos, son eminentemente carnívoros y pueden llegar a ser muy agresivos en sus encuentros con humanos. Permanentemente en busca de comida, la falta de visibilidad no es un problema para estos animales, que gozan de un olfato finísimo.

Para protegerse, José e Hilo instalarán cada noche una cerca anti-osos alrededor de su campamento: se trata de un sistema de cables que, si se tocan, accionan una alarma sonora y varias bengalas. Asimismo, durante las jornadas de esquí ambos llevarán a mano pistolas lanza-bengalas con las que esperan disuadir a los osos que se acerquen. Otros expedicionarios en la zona afirman que también funcionan los gritos e incluso, en distancias cortas, los aerosoles irritantes.
Como último recurso, en caso de que todo lo demás falle, también llevan un rifle de caza. En cualquier caso, los expedicionarios están dispuestos a esperar todo lo posible y no disparar a un oso que su vida corra un peligro serio e inmediato. Después de todo, son ellos los intrusos en el territorio de estos mamíferos.