1. Los Campos de Hielo Patagónico: El Fin de la Tierra

Los cartógrafos medievales imaginaban una Tierra plana, a cuyos extremos no convenía acercarse. “Más allá hay dragones,” escribían en los mapas al final de los escasos territorios conocidos. No hay dragones en la helada Patagonia - pero por lo demás el extremo sur de América se parece mucho a la imagen que tenían en mente los antiguos viajeros cuando imaginaban el fin del mundo. La región es famosa por acoger una inmensa masa glaciar y uno de los peores climas del planeta.

Hay dos Campos de Hielo Continental en Patagonia, separados por una zona de fiordos de unos 50 km. El Campo de Hielo Norte, de 4.500 km2, está situado íntegramente en territorio chileno, y tiene 120 km de norte a sur y 50 km de ancho. El Campo de Hielo Sur se extiende a lo largo de casi 400 km, desde los 48º20' S hasta los 51º30' S. Tiene una extensión de 16.800 km², de los que 14.200 km² pertenecen a Chile y el resto, 2.600 km², a Argentina. Los hielos de ambos campos caen al océano Pacífico en multitud de lenguas glaciares - algunas de las cuales, contrariamente a la tendencia impuesta por el calentamiento global, se encuentran en expansión. En sus enormes planicies surcadas de grietas se alzan varios macizos de afilados picos, muchos de ellos aún sin escalar. Fuera de las regiones polares, no existe nada igual en el mundo.
Son pocas las expediciones que se adentran en los Campos de Hielo, debido principalmente a sus dificultades de acceso y aislamiento, que hacen un rescate casi imposible; la dificultad del terreno, que incluye una navegación muy complicada, y el constante mal tiempo. José e Hilo lo saben bien, porque han estado allí. El pasado otoño completaron la travesía Norte-Sur del Campo de Hielo Norte. Mijares y Moreno necesitaron 25 días para cubrir 170 kilómetros entre la laguna de San Rafael y el final del glaciar Steffen. La suya ha sido la sexta expedición en la historia, la primera española, que completa el citado recorrido.

La travesía del Campo de Hielo Norte: 25 días en el hielo

Al no contar con reavituallamientos en el camino, los expedicionarios arrastraron en pulkas (pequeños trineos) setenta kilos de peso cada uno, entre comida, combustible y material. Sólo llevar la carga hasta el comienzo del campo de hielo les costó varios viajes y un total de nueve días. Además, el tiempo empeoró justo cuando accedían al Campo de Hielo, lo que les obligó a permanecer todo un día encerrados en su tienda en mitad de la ventisca. Para Hilo fue una curiosa manera de celebrar su vigésimo octavo cumpleaños. Una vez sobre la meseta, durante gran parte del recorrido tuvieron que progresar a ciegas en mitad de niebla espesa y lluvia constante, guiados tan solo por la brújula, algunas fotografías satelitales y los - pocos e incompletos - mapas que existen de la zona.
Uno de los momentos clave de la expedición consistió en atravesar el Cordón de Aisén, una cordillera cercana a los 3000 metros de altitud que cruza el campo de Hielo. José e Hilo se vieron forzados a ascender con mal tiempo por laderas muy inclinadas donde caían frecuentes avalanchas, y buscar el llamado “Paso Colonia”, el único collado que, según los datos de expediciones anteriores, ofrece un acceso franco al otro lado de las montañas. Por suerte, consiguieron alcanzar el collado justo a tiempo para montar la tienda mientras el viento arreciaba. La tormenta que siguió les mantuvo dos días atrapados, hasta que en la tercera jornada las condiciones mejoraron lo suficiente para permitirles ver el camino de descenso. “Fue una suerte,” recuerda Hilo. “Una borrasca puede permanecer en el Campo de Hielo Norte durante semanas.” Tras ello, los expedicionarios continuaron rumbo sur sorteando grietas hasta que, el 13 de diciembre y tras 25 días, pisaban la hierba de nuevo, al pie del glaciar Steffen. Sin embargo, el fin del hielo no significaba, ni mucho menos, el fin del viaje.

El fin es el principio

"Cuando llegas a la hierba, dejas el glaciar por un lateral al final casi del mismo hielo, y tienes que ir a buscar a un matrimonio de colonos que se supone que vive por allí,” comenta Mijares. “Ni siquiera sabíamos si estarían; no había manera de contactar con ellos de antemano". Hubo suerte y los colonos estaban, no sólo en casa, sino también dispuestos a ayudarles transportando a los expedicionarios y su carga a caballo y en barcas, durante dos días a través de valles y ríos cuajados de icebergs, hasta el núcleo habitado más cercano: La aldea de Caleta Tortel, un conjunto de cabañas colgadas sobre el fiordo, y con aspecto de ser el último lugar de la Tierra.

Pese a las dificultades encontradas, José e Hilo no guardan sino buenos recuerdos de lo que califican como un viaje “de película” por terrenos donde no hay rastro de influencia humana. “Durante todo el trayecto no vimos a nadie,” comentaba Mijares. “Seguir la dirección prevista cada día, entre las grietas y la niebla, era una aventura. Y en los momentos en que las nubes nos dejaron, vimos infinidad de cumbres que aún no han sido escaladas.”
Por esta razón, ambos están impacientes por emprender la segunda parte de esta etapa: el Campo de Hielo Sur, la tercera extensión de hielo más grande del planeta (tras la Antártida y Groenlandia) y la mayor fuera de las regiones polares.

Regreso al Sur

José e Hilo ya saben lo que les espera: Conocen el tipo de terreno, el clima, y el material que deben llevar. Sin embargo, el Campo de Hielo Sur aún plantea muchos interrogantes. Su extensión, cuatro veces la del Campo Norte, les obligará a portear una carga muy pesada, por mucho que optimicen cada gramo, y los accesos al hielo se prevén largos y complicados.
Las posibilidades de organizar un rescate en caso de problemas son aún más escasas que en su anterior expedición. La ausencia de referencias o curvas de nivel en los mapas y la inmensidad de la meseta glaciar una vez sobre el terreno, harán muy difícil trazar rumbos y orientarse. Además, aquí no encontrarán colonos que les ayuden a volver a la civilización cuando salgan del hielo. De hecho, organizar la logística de este viaje será un reto casi tan enorme como atravesar el hielo. Pero todo es posible con paciencia, trabajo, y cierto ingenio.
Tras sopesar muchas opciones, José e Hilo creen haber dado con una solución al problema de los accesos al glaciar. Se acercarán y saldrán del hielo en piragua. Y con ello esta se convertirá en una doble expedición, por mar y hielo.