Introducción

Sat, 09/01/2010 - 20:58 in
Hilo's picture

 

 En contra de lo esperado me encuentro navegando en el buque Hespérides, atravesando el Canal de Beagle y escribiendo a media luz, mientras el resto de la dotación duerme en sus camarotes. Si todo va bien, mañana pondríamos proa al Sur y comenzaríamos el cruce del Canal de Drake. Digo en contra de lo esperado porque en teoría, mis compañeros y yo, deberíamos volar desde Punta Arenas hasta Rey Jorge en avión. Ayer noche, mientras cenábamos en un bar de la ciudad, nos sorprendió la noticia de que en menos de 10 horas deberíamos estar listos en el puerto pasaporte en mano para embarcarnos en el buque oceanográfico. Recuerdo hace un año la ilusión de embarcarme, recorrer el Beagle y navegar a través del Canal de Drake hasta la Península Antártica. Ahora me doy de cabezazos pensando en que he pasado de plantarme en la base tras dos horas de cómodo vuelo, a volver a comerme los cuatro días de incómoda navegación. Me estoy convirtiendo en un tío práctico.

Este año María y yo hemos llegado a Argentina veinte días antes con la intención de viajar un poco por el sur del país y conocer lugares por los que el año pasado pasé con celeridad. Nuestra llegada al sur de Argentina se produjo en varias fases con sus respectivas escalas.

Aterrizamos en la capital porteña y cuando nos dimos cuenta teníamos un micrófono frente a la boca y hablábamos por las hondas a un numeroso grupo de fieles. Mi tía Tere lleva desde hace más de diez años el programa de radio Tierra Fértil. Su voz dulce y la de Cristina nos entrevistaron durante una hora sobre nuestros viajes, la vida en la Antártida, el mundo de los hielos o la vida en Laponia. Cada cierto tiempo hacíamos una pausa para escuchar los consejos navideños del párroco, algún mensaje de amor y paz de los oyentes, o el tono pausado y melodioso de mi tía promocionando matafuegos (extintores). El local de radio era una antigua y preciosa casa con patio colonial y aspecto decadente donde se emiten, a través de una modesta emisora local, programas alternativos de diferente tipo. Un pequeño grupo de gente que me demostró, una vez más, el cariño y la atención que se deposita en una actividad hecha de manera desinteresada. Parece que lo importante es creer y confiar en aquello que se quiere transmitir, da igual cual sea el mensaje. Igualito que mi paso por la cadena Ser donde un nutrido grupo de periodistas me vaciló durante la hora entera que dura el programa.

La siguiente escala hacia el sur tuvo lugar en el Parque Nacional Los Glaciares, lugar que llevo mucho tiempo queriendo conocer y adonde llegamos María y yo un día en el que tenías que agarrarte a las farolas del Chaltén para no salir volando hasta el Campo de Hielo Sur. Este campo de hielo, hermano mayor del Norte es unos de nuestros próximos objetivos en las travesías sobre hielos que queremos realizar. Este viaje ha sido, entre otras cosas, una prospección de los accesos y de la logística para un viaje futuro.

El recorrido por los lugares que rodean el CHS (Campo de Hielo Sur) es un viaje por la historia de una serie de personajes claves en la exploración de la Patagonia Austral. Así lo reflejan los numerosos topónimos y múltiples referencias históricas del camino. En la estancia La Leona, única casa en cientos de kilómetros a la redonda y único punto de abastecimiento en mitad de la estepa, cuelga un cartel en madera que narra la siguiente historia: Francisco Pascasio Moreno (el famoso perito), en su exploración de la Patagonia Austral en el año 1877, fu atacado en ese lugar por una leona (puma), dando nombre al río cercano a la actual estancia. En ese mismo viaje el perito, que seguía las descripciones de los viajes anteriores realizados por Darwin y Fitz Roy, dio nombre a los tres grandes lagos de la región (Argentino, Viedma y San Martin). En los viajes anteriores (1830 y 1834) Fitz Roy, capitán del Beagle y Darwin, el famoso naturalista que iba a bordo, navegaron por el río Santa Cruz y realizaron una expedición terrestre hasta avistar la Cordillera sin lograr llegar al Lago Argentino por falta de víveres.

Habría que esperar al año 1914 para el primer ingreso a la superficie helada del CHS. Se trata de una expedición organizada por el botánico Cristobal Hicken junto a Federico Reichert. Acceden por el glaciar Perito Moreno y descubren las verdaderas proporciones del campo helado, tras un rápido internamiento deciden volver por la misma vía tras aparecer el mal tiempo.

Pero más cosas curiosas cuelgan de las paredes de la estancia La Leona. Unos artículos de periódico, amarillentos por el paso del tiempo, anuncian la noticia de la muerte del sacerdote salesiano De Agostini. A partir de los años treinta el sacerdote-montañero comienza una serie de exploraciones por la zona acompañado de diferentes personajes, desde científicos hasta guías de montaña suizos. En el año 1931 remonta el glaciar Upsala y asciende al pico Torino bautizado así por él mismo, desde ahí divisa el Pacífico y observa claramente la divisoria de aguas. Sus viajes exploratorios terrestres continuaron hasta los años cincuenta, dando lugar a numerosos descubrimientos geográficos y bautizando un sinfín de accidentes. Fue gracias a su asesoramiento que se crea en el año 1937 el Parque Nacional de los Glaciares. La presencia del cura-misionero-andinista nos acompañará en nuestro viaje hacia el sur en forma de numerosos testimonios.

La última parada fue en Ushuaia, a la orilla del Canal Beagle, que algunos de los viajeros citados arriba descubrieron y navegaron. La ciudad, que recibe el apelativo de más austral del mundo, tiene la población de Puerto Williams casi enfrente (y por ello más al sur). Ushuaia surgió de la intención misionera de la familia Bridges, apellido clave en la región, que más tarde se trasladaría a la histórica estancia Haberton cuyas dependencias aún se pueden visitar. Pasamos unos días recorriendo sus calles y haciendo algunas caminatas en los montes cercanos. Despedimos el año acogidos en casa de una familia local con quienes nos bebimos ocho botellas de champán entre videos de Michael Jackson y canciones de La Faraona.

Al día siguiente empezamos el año como lo empieza gran parte de la población mundial: con resaca. Bajo una lluvia suave pero con el cielo soleado y cubierto a ratos, María y yo nos despedíamos abrazándonos en el aeropuerto del fin del Mundo. Ahora, de noche y cuarentayocho horas después, paso de nuevo frente a Ushuaia y las luces de sus casas bailan en el agua del Canal.