Héroes
Mon, 08/06/2009 - 19:22

El malo de la serie Héroes corta la cabeza de sus víctimas con un tajo perfecto a la altura de la frente, así les quita sus poderes y se los queda. A mí, si me tajasen la cabeza y me dejasen el cerebro al aire saldrían cantidad de libros de aventuras, de viajes, y de montañas…
Reconocerlo es un gran paso y desde hace muchos años tengo una fiebre quijotesca en la cabeza llena de barcos, de exploradores, de desiertos helados, de viajes en esquís y en bicicleta, de vueltas al mundo por el mar, de tesoros perdidos, tribus aisladas y serpientes enormes.
Al quitarle la tapa a mi cerebro caería una cuerda y al grito de alla voy! bajaría rapelando una cordada de alpinistas. Luego saldría volando el avión que Amundsen utilizó para intentar llegar al Polo. Por la sangre de las venas cercenadas con increíble precisión navegan mil barcos, El Petrel de Julio Villar mandaría una flota de vagabundos marineros que dan la vuelta al mundo de manera anónima y a veces en solitario. También viajaría el Fram con todos esos noruegos enormes comiendo hasta reventar y dejándose llevar por la corriente y llegando antes que nadie a cualquier sitio. Navegarían también barcos más pequeños, piraguas de remos esquimales, rusas y españolas. El Beagle exploraría hasta el último rincón de mi cabeza y la sangre de su capitán después de haberse rebanado la yugular se fundiría con la mía en ese mar rojo de navegantes, barcos y tierras desconocidas.
Los montes de mi cerebro se nutren de hombres y mujeres que los suben y bajan sin más interés que el de la aventura. Usando a veces mascarillas de aire, pues a ratos falta el oxígeno en mi cabeza, llegarían a las cimas más altas los alpinistas más valientes y también los más cobardes. En los valles y a golpe de machete, se abriría paso Fawcett con su salacot en la cabeza y sus calcetines blancos bien subidos.
Como en todas las cabezas la mía también está llena de monstruos y fantasmas, de gritos en el vacío, desprendimientos de roca, rayos en las montañas, tormentas sobre el Drake, viento gélido y dedos negros.
Menos mal que en un rincón del cráneo, ordenados con ese desorden raro que existe en todas las librerías autenticas, se archivan los volúmenes donde todos estos personajes pueden estar retenidos. Si llegase Sylar, el malo de Héroes, y me abriese la cabeza como si fuera un melón de verano, aprovecharían el momento para escapar y volver a sus mares, sus cimas, sus junglas y sus desiertos.
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